Revista Internacional
de Arte, Literatura y Tendencias Contemporáneas

Año 3, No 3 / La Habana, Cuba

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Sumario


Animal Planet: 3 relatos; Ahmel Echevarría Peré [relato] | El misterio del león; Alexei Dumpierre [relato] | Muestra inédita de "Pañuelos"; Ángel Delgado [plástica] [ensayo] | Grupo Proyecto Biopus: retrospectiva; Grupo Proyecto Biopus [new media] [net art] [plástica] | Lorenzo revisitado; César A. Terrero Escalante [ensayo] | Una anécdota sabrosa; César Valdevenito [relato] | Con Pina Bausch desaparece toda una época; Damaris Calderón [poesía][plástica] | DAVIS MUSEU, antropofagia estética: Entrevista a Davis Lisboa; Lizabel Mónica [entrevista [curaduría] [plástica] | Cubeta y País de Vaca; Efraín Rodríguez Santana [poesía] | Dossier: 10 poetas ecuatorianos del siglo XXI; Augusto Rodríguez [poesía] | Muñeca; Eliana Belén [poesía] El francotirador: microrrelatos Gerardo Fernández Fe [relato] | Yo, espléndida puerta: visiones de una poesía con intersticios; Jamila M. Ríos [ensayo] | Presentación al libro: Poesia eletrônica: negociações com os processos digitais; Jorge Luiz Antonio [poesía][new media][poesía visual] | Muestra inédita de la exposición reciente MONTES CLAROS (S)EM PALAVRAS; Fernando Aguiar [plástica][fotografía]| El Bautizo de Nostrus Cygnus Maximus: dos poemas; Ljudevir Hlavnikov [poesía] | Materia; Marcelo Morales [poesía] | La tercera mujer; Nanne Timer [poesía] | Libro de College Station ; Pablo de Cuba Soria [novela] | Abedulia y Francesca; Waldo Pérez Cino [novela] | Dossier: 10 jóvenes poetas de Santiago de Cuba; Oscar Cruz Pérez [poesía]| El peso donde navega el creyente: nueve relatos; Raúl Flores Iriarte [relato] | Balada para un suicida: cuatro poemas inéditos; René Dayre Abella [poesía] | Muestra multimedial de obras plásticas; Luis Trápaga [plástica] [video] | Perú: un recorrido a través del lente ; Juan Carlos Borja Castro [fotografía] | Malabares de fuego; Suyai Otaño [fotografía] | "Pretendo crear un medio dentro del medio": entrevista a Kevin Beovides, fundador de "El Diletante Digital"; Lizabel Mónica [entrevista] [net art] [new media] | Muestra fotográfica; Lia Villares [fotografía ] [curaduría] | Grupo Puerco Pudle [video] | Capa Subeconómica; Amaury Pacheco [video] [poesía visual] [intervenciones] [plástica] [curaduría] [performances] | El patio de mi casa o The flesh failures; Alejandro Arango Milián [teatro] | Poesía visual: dos ensayos; Jorge Santiago Perednik [poesía visual] [ensayo] | When we are asked in the end of time; Neda Darzi [plástica] | Live transmission; Morgan O´Hara [plástica] [performances] | Video inédito del Festival Poesía Sin Fin 2009; OMNI Zona Franca [video] | @περας: hacia una topología del arte; Lizabel Mónica [ensayo] [net art] [new media] D

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Lorenzo revisitado / César A. Terrero Escalante


foto de autor

César Augusto Terrero Escalante (La Habana, Cuba, 1966)

 
  Nací en La Habana (Cuba) en el 1966. Soy físico y actualmente resido en México. He colaborado con poemas y reseñas en diferentes revistas y sitios literarios como Deriva, Blanco Móvil, Punto de Partida, Almiar, Ciberayllu, Destiempos, El Otro Mensual, Espéculo y Literaturas.com. Poemas y ensayos míos han aparecido en varias antologías.      

 

Lorenzo revisitado

-ensayo inédito-



¡Por fin había llegado el día en que el anciano mostrara a la gente que pasaba por el corredor que no existieron perchas durante su vida! (Y no habría vida sin ella). Lorenzo se había arrogado las voces y los brazos, tirando hacia abajo la cuerda de la providencia, ese insigne favor.

Yo esperaba sentado en la sala. Me preguntaba qué hora sería; oía el silbar de los mosquiteros. Afuera zumbaba un enjambre de mosquitos negros. Pero ninguno de ellos se ponía derecho del todo, pues quedaban de espaldas y las palabras que los habían unido se perdían invisiblemente. Se iban a mantener una postura. ¿Impostura? Pero ¿quién conoce sus necesidades, o la muerte, con un temblor, la soga sobre la almohadilla de la mañana?

— Estoy mejor —dice— . Pero Fidencio no.

Hablamos debajo de los campos desiertos por donde entra directamente la luz.

— Durante mi sueño no había ventanas por donde entrara directamente la luz. Era como si aquél no fuese el sitio indicado para mi sueño: medio que rehusando el dominio de la mañana, con la ropa bruscamente contra el cuerpo de un marinero. Allí se formaba el chanchullo que sobra siempre en las ciudades para bostezar en los pantanos más fangosos. ¿Era ello como una cosa sin causa, seguramente de pie al enrejado?

Cree que las formas, cansadas de estilizar el litoral, se perderían en una vaca y descendiendo muy lentamente –como si quitásemos paños de una piel- se adelgazarían para penetrar en la lejanía y señalar las distancias que se deslizan desde su rincón del rancho. Todo eso, extrañado de encontrar en torno suyo una oscuridad descansada para sus ojos tan prestos. Ojos que cambian lo mismo que un mago sabe cambiar su metamorfosis, pues le parece oír, delante de sí, el espíritu o la causa de sus conciudadanos.

— Estoy mejor —dice—. Pero Fidencio no. Ahoritica estás y cargas tú con el tiempo. ¡Por fin había llegado el día en que yo me convirtiese en un cuarteto, en lugar de presentar el tabique que las mañanas casi siempre son! No se veía a muchas personas por aquí a causa de estos sueños. Incomprensible, verdaderamente. Me pregunto qué hora será; afuera oigo el silbar de los árboles. No son sino muebles que se han vuelto taciturnos ante el aspecto de esas fulguraciones. E inexpresables. Plegue al Estado que sea el término medio entre la maraña de los trenes...

Más o menos, las mismas observaciones de algo que abandonamos, de una felicidad que esperamos desde hacía largo tiempo. Esta que cuento pudo haber sido su enésima fiebre. Y no tiene cara de curarse.

— Estoy mejor —dice—. Pero Fidencio no. “La contemplación del café con leche produce una voluptuosidad”, reescribía yo sentado a una mesa que el lector, enardecido y momentáneamente feroz, como que me daba con ella. Papeles blanquísimos que al huir le tiraba a la Humanidad. Así interpretaba yo, experimentando más que un mago, pues quedaba con las espaldas y las rodillas dobladas dando la sensación de ser un mendigo.

Ha envejecido haciendo carbón con sus textos. Él menea la cabeza, todos corren y Lorenzo se deja mojar los zapatos sin levantar la mirada de la noche. Y su boca es también el Orden que te prepara una paradisíaca dulzura. En ella se agitan sombreros sobre los bancos, siguiendo posiblemente cada uno de los botones: no repugna a la razón. No queda en él la menor partícula de divinidad: supo elevar su alma, encuentre usted su cuerpo. En el rancho todos sabemos lo que lleva por herencia.

— Mi alma (si es que me tocó y todavía me queda) había cultivado secretamente aquel deseo. Me alejaba de las nubes. El pelo castaño se me volvió blancuzo y gastado con el monte. Cuando veo venir a mi madre, no siento la blancura y humedad de la ola. Sino que, sobre todo, la contemplo con delicia. “No deberíamos...”, pienso, “...nada más que una alegría”. Sin embargo, rebusco activamente qué acto de justicia es, un rompecabezas que se debe resolver antes de morir para poder resucitar después tranquilamente. Ya que ni tiempo tenía para decirme: "Ya me duermo".

Mucho tiempo ha estado acostándose. A veces, apenas había apagado la luz, no cerrábanse sus ojos, más bien aceptaban la atracción de los mangles rojos, desbrozando de aquí y de allá hasta romperle el alma al monte, con el tiempo. Las olas saltaban alrededor de un puño que les prestaba un esqueleto. Se sustraía de la ola que ablandaba las cosas, que ablandaba las cosas, que cambiaba lo mismo que un mago sabe cambiar su metamorfosis. Pues le desagradaba el pensar que toda aquella pompa pudiera convergir hacia su persona o que era domingo.

— Soñé que había entrado en el silencio de la escuela, que volvía después a olvidar y a recogerlo. ¿Son éstas antinomias? ¿Son siquiera problemas? No, me parece que la vela ya no estaba encendida. Y ahora, después de despertarme, la idea de que era domingo, como si hubiese chocado con una nube o como si me hubiese despertado. Es que las mañanas casi siempre son para encender un quinqué en las narices del esfuerzo, por querer sobrevivir en aquellas aguas, por las desoladoras ciénagas de estas páginas, y de la ola.

Pero el fantasma no lo pierde de vista y lo persigue con rapidez. A veces, en noches de tormenta, en esas escenas entrevistas en su cuerpo, se agita como una cosa sin causa, incomprensible, verdaderamente. Todas las escenas tenían un aspecto muy decente y estaban sentadas a intervalos a lo largo de una piel que ya no le disculpa. Habían perdido una tarde de colegio y ahora dejaban caer las manos y apagaban a un hombre: las legiones de pulpos que se convierten en poca cosa para sus zapatos, cuando se ha dicho la soga sobre la corteza de los asuntos públicos y dado miradas a las voces que los producen.

— En el pasillo no se veía a muchas personas. Había dejadez en el vestir de aquellos hombres, aunque no a juzgar por su fisonomía, sus ojos y su apagar de un relámpago. Allí Joyce escribía sentado a una mesa que era domingo. Tenía un aspecto muy decente y estaba sentado a intervalos a lo largo de una crisis, de pie al enrejado, mirando por sus intersticios a la claridad de un relámpago ante el cual ángeles y santos se inclinaban reverentes, y las legiones de pulpos se habían vuelto taciturnas.

Los cabellos le desobedecen, huyen, como si un ave fuese absorbida por el corredor. Ha envejecido haciendo carbón. Él menea la cabeza y la dulzura del retorno. Un largo pasillo, el que se convierte en poca cosa cuando los chamacos van penetrando en las miradas. Las huidas del colegio son el grito interior de un soplo de la luz; durante su sueño no ha cesado de reflexionar sobre lo recién leído. Más que ver las olas, creyendo que cansadas de estilizar el litoral se perderían en una iglesia, la vida, que el día era, cambiaba lo mismo que un acto de justicia.

— En aquella vida que yo había vivido en mis fantasías me había visto a mí mismo sacerdote joven, pues de vez en cuando me llevaba la mano zurda a un bolsillo de la sotana. “No me ataré ni al partido de Naphta ni al de Settembrini”. ¡Singulares pedagogos con su problema de la vida! Y después de ella (de la mano zurda, claro), mostraba a la gente que pasaba por el asfalto que podía lucir así su marca de grulla. Todo tan diluido en un amarillo intenso, que no la reconocían como suya. Pero ninguno de ellos percibió el ejemplo del cual se filtraba un poco de la espuma que brilla en el corredor.

Después de haberme dicho esto, recobra su actitud huraña que enloda las cerdas en los incendios para encender un quinqué en las inundaciones. Luego se produce una onda de vapores de recuerdos. Como ya se ha dicho: la naturaleza y apagar un caos en el corazón de la mujer. Ya que ni tiempo tenía para decirme: "Ya me duermo".

— Así interpretaba yo, experimentando una más que alegría. Por algo pasan estas cosas. Ahí es que viene un mosquito y entonces le mete a uno la fiebre hasta los huesos. Eso le pasó a Fidencio. Eso nos había pasado a todos y luego que nos inyectábamos la insulina, cargábamos con los pies. Y quiero que mi alma (si es que me tocó y todavía me queda) encuentre su cuerpo.

El guijarro de ojo ve pasar, uno tras otro, dos seres hacia la claridad de un cigarro, las aguas van alzando el cadáver. Se oye una voz, más o menos, de humedad. Está instalada en el despliegue de sus alas de murciélago. Lautremont y Apollinaire habían llegado frente a las olas. Las habían adivinado entrando en la bahía de los asuntos públicos: sus maneras, sus cortes de barba y otros detalles imponderables pertenecían, obviamente, a las oficinas instaladas en el bosque. Halle usted, pues, sin desorientarse, su sendero por las salivas y por los papeles.

— El asunto del texto se desprendía de mi amor y aun más, quizás, de mi espíritu, al cual se aparecía esta oscuridad como una recompensa. Objeto de mis deseos: ¡no pertenecia más a la claridad de un relámpago! Y aunque Lezama no entendía ni papa de los mangles rojos ni de ir desbrozando de aquí y de allá hasta romperle el alma al monte, con el tiempo le había dado hasta la altura de esta cruz.

Ensaya sus dientes sobre la almohadilla de la cruz. Y no tiene cara de curarse. El caminito que recorre desde hace una eternidad se va a grabar en su recuerdo por la excitación que le dan a Lorenzo los lugares.

— Cuando los que estaban sentados cerca de la escuela, que se me figuraba tener aún entre las manos, ladeaban un poco de luz, se veía que no eran sino sillas y mesas en movimiento; ya que los enlazaban.

Lacan y Adorno habían llegado frente a las oficinas instaladas en el éter lúgubre, escondiendo en el corredor la simpatía presente. Es una afección y afinidad que, a veces, franquea la barrera de espuma que brilla en el vestir de aquellos hombres.

— Durante mi sueño no había cesado de reflexionar sobre el largo pasillo que se ofrecía a mi estupor y enjugaba una furtiva lágrima de compasión. Aunque Kafka no entendía ni papa de los poros que se habían fugado de mi frente y los gestos observados en algunos sacerdotes. Pero, sobre todo, un sabor iba penetrando por cada uno de los trenes que descendían de la estatua de yeso del globo de la mañana. Y yo todo extrañado de encontrar en torno mío una oscuridad que se me hacía evidente.

Se sintió aterrorizado cuando nos enteramos de que el hombre de melena piojosa lanzó, con todas sus vergüenzas, el irónico huchear de un pájaro en el jardín que bosteza y que, más tarde, como si aquél no fuese el sitio indicado para su sueño, rehusando el dominio de la escuela, se había fugado de la mañana, con la columna de humo de un soplo de luz, sin dejarle darse cuenta de que ya no estaba completamente solo a lo largo de una crisis de donde se desprenden, incesantemente, como un río, espermatozoides tenebrosos que toman impulso en el tedio del tener que pasear. Repito, pero ¿quién conoce sus necesidades, o la salud!

Lorenzo se fija en uno de los árboles; mi hocico, lo mismo que después el de ella, muestra, a la claridad de un cigarro, las aguas que van alzando el cadáver de un cigarro. Por algo pasan estas cosas. Tenía que ser así. Pues le desagrada el pensar que toda aquella pompa pudiera convergir hacia su persona o que no hablamos para ser escuchados sino para que los demás hablen y que el caminito que recorre todos los días se va a grabar en su templo.

Luego se produce una oquedad, rápidamente llenada por las salivas y por los papeles blanquísimos, que al mismo tiempo estaban a distancia de la dignidad del celebrante, pues, de vez en cuando, se ha usado en exceso la especialidad de la casa con la misión de prevenirles de que deben cambiar de conducta. Nicanor, desde su párpado helado, exclama: “Porque lo merece; no es más que una alegría”. Sin embargo, yo rebusco activamente qué acto de justicia. Y el lugar del horno está entre ambos, a través de los otros.

Lorenzo escribe, sentado a una mesa, que la contemplación del café con leche produce una voluptuosidad o que el escaro, pescado, sólo tiene intestinos.

Mi boca será un ejército de desatinos, que de lejos parecerán cuervos. Mas Fidencio no.


Loquito y loco loco (reflujo)


¿Qué es lo que entonces yo sentí desde un aire primigenio? Sólo yo lo supe, y ya en Miami. Una ciudad por donde pudo andar Gurdjieff. Pues estaba a la orden del día.
Además de a la Imagen, respondo a la orden del día.
 

Toda la vida me la he pasado esperando inútilmente, en un solar yermo. Otras cosas. Otras cosas. Otras cosas: un cuadro del Sagrado Corazón de Jesús, animales de oro..., pero lo que pasó fue que nunca hubo nadie que me encontrara, tirado, todos los días, a través de todo eso.
 

¿El que arrojaba uvas en las gradas? Pero, vamos a ver, ¿cómo sabría decirlo en Jagüey Grande? Nunca he sabido cómo juzgar todo, cuando lo que resaltaba era una, verde, jarra de barro. Días alucinantemente desleídos aquellos, donde estaba el cartelito y donde se asimiló cosas tales como la noche y mi vida. También dije que todo esto procede tanto de unas láminas cuanto de gritar la manifestación de lo Bello con un Dios.
 

Y en aquel paseo, en fin... Yo no podía dejar de pasear, todos los días a través de un cuadrado de mármol y, después, de la colchoneta. Pero, indagando más, ¿a qué mármol me puedo estar refiriendo, asomado al fulgor y al canto, sostenido, de una calle donde había unos pinos; y una mancha, infaltable, con su llamita y todo, tal como un personaje silente? Ese paseo repetido que vivíamos los rodeados de agua por todas partes, no es otra cosa que aquella que no podía dejar de pasear, todos los días, a través de todo eso que, a la vez, yo no tuve que ver con los más crédulos viejos reunidos.
 

Y, ¡qué lástima!, salidos de aquellos cinematógrafos donde estallaba la bomba, los viejos surrealistas iban cayendo en el solar yermo. Así mismo fue. Entramos bajo una explosión sobre unas ciudades, era todo un Capítulo de la vanguardia, al final de una isla donde lo que se pudiera responder a un cuadro con cuatro filas y cuatro casas en cada fila, es que se pareciera a un reto: sólo mirar hileras de perros.
 

Lo que en realidad quería decir ese cartelito es que la Familia había sido raptada. Pero..., ¡agárrense a los perros contenidos en una noche de Nueva York!, pues yo, repito, nunca vi a nadie. Así mismo fue. Entramos bajo una explosión sobre unas ciudades (era todo un Capítulo de la isla) para poder llevar a cabo acciones. Con lo que, en un gesto vacío, en momentos, supimos cantarnos “Júrame”, aquella canción compuesta por María Greber en 1926.
 

Y yo sin saber si había pasado algo, ¿o no pasó nada? Así que yo soñaba un personaje de película silente que supiera decirlo todo sin tener que utilizar ningún sonido. Algunos poetas podrían decirlo como con boca rasurada por una ventana de este mes de noviembre, por años y por años. Pero, como a continuación siempre yo solía hacer, soy lo suficientemente literatoso como para levantar todo un túmulo de citas, imperfectamente traducidas.
 

Y, en medio de este patio híbrido, el carrito de helados con su corazón al aire libre y un grito que avisaba: ¡Apollinaire al agua!
 

Pero parece que ahora tengo que salir. Adiós...


¿Autor?: César Augusto Terrero Escalante
12 de noviembre del 2006D

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Muestra inédita de Pañuelos / Ángel Delgado


foto de autor

Ángel Delgado (nace en 1965 en la Habana, Cuba)
Vive y trabaja entre la Habana y México.

 
   La obra de Ángel Delgado, gira alrededor de un punto: la libertad del individuo o la falta de esta, después de que el artista fuera puesto en prisión por 6 meses en 1990 por realizar un performance en la exhibición “El objeto esculturado”, su obra se basa fundamentalmente en las limitaciones, restricciones, prohibiciones, controles y falta de libertades que constantemente le son impuestas al ser humano dentro de la sociedad.
De la cárcel extrajo Ángel sus principales recursos técnicos e instrumentales; ahí aprendió, con sus compañeros de cautiverio, a dibujar sobre pañuelos con lápices de colores y cold cream, y a tallar imágenes sobre jabones de lavar; y de ahí han salido los temas y la inspiración general de todos sus trabajos. Su lenguaje adquirió allí ese tono hermético, amordazado que es producto de la desconfianza que genera la cárcel.      

   En un principio su obra era más anecdótica y autoreferencial y en estos momentos, su interés es llevar su experiencia personal hacia la experiencia colectiva, simbolizando la condición de encierro a la que en múltiples ocasiones  se ve confinado el individuo, deliberada o involuntariamente. Ampliando además la proyección de su obra, utilizando como vías de expresión el performance, la instalación, la fotografía, el video, entre otros medios.
   Hoy Ángel Delgado es uno de los artistas más representativos del arte contemporáneo cubano,  recientemente obtuvo el premio Molaa (Museo arte Latinoamericano de los Ángeles) y a participado en importantes exhibiciones como: Arte no es Vida: Actions by Artists of the Americas, 1960-2000. Museo del Barrio. NY. EUA, 2008. Killing Time, Exit Art, Nueva York, NY, EUA, 2008. Cuba Avant Garde: Arte Contemporáneo cubano de la Colección Farber/Contemporary Cuban Art from the Farber collection, Harn Museum of Art at the University of Florida, FL; John and Mable Ringling Museum of Art in Sarasota, FL, EUA, 2008. Primera Bienal de Canarias Arquitectura, Arte y Paisaje, Islas Canarias, España, 2006. Art Forum Berlin,2006. Balelatina, Basel, Switzerland, 2006. Art Basel Miami Beach 2005, MACO: Feria de Arte Contemporaneo de México 2005, The Mattress Factory en Philadelphia 2004. Y dentro de las exhibiciones individuales más importantes están: Limite Contínuo, en Couturier Gallery, Los Angles, EUA. 2009. Constancias, Galería nina menocal, 2006. Memorias acumuladas, en la  Galería Fucares, Madrid, España.2004, Sombra interior, Galería Nina Menocal, México 2003 y  Sombra interior, Centro Provincial de Artes Plásticas y Diseño en  La Habana, Cuba 2003.
 

Muestra inédita de Pañuelos


Fragmento del texto A.D. : el pañuelo como espejo del Universo, por Orlando Hernández

Muestra de los cuadros (fotos cedidas por Ángel Delgado a Desliz)

Fragmento del texto A.D. : el pañuelo como espejo del Universo, por Orlando Hernández



A.D. : el pañuelo como espejo del Universo (Fragmento)

Plegado en cuatro sobre sí mismo, tal y como acostumbra a reposar en la oscuridad de nuestro bolsillo trasero, el pañuelo –prenda eminentemente masculina, que junto al peine y la mujer llegó a considerarse por estos rumbos como una posesión intransferible— es algo más que un pequeño cuadrado de tela con el que nos limpiamos los mocos, el sudor o las lágrimas. Es un objeto multiuso, de incalculable versatilidad. Puede transformarse de golpe en ágil portavasos y evitar que la chorreante bebida (no alcohólica) que acaban de brindarnos llegue a manchar esa horrenda mesita barnizada. O ser usado como elegante servilleta, una vez que el líquido ha cumplido su misión de aliviar nuestra sed. De igual forma, pero colocado de plano sobre el extremo inferior de la cara y acompañado de suaves toques y rotaciones permite ejecutar un delicadísimo y bien codificado ritual de fanfarronería característico de nuestro ambiente callejero y carcelario. Extendido sobre el rostro de una persona en posición decúbito supino (que en lenguaje llano quiere decir bocarriba) el pañuelo se desempeña perfectamente como una minúscula sábana que evita la molestia de la luz. O como una discreta mortaja, si comprobamos que los signos vitales de dicha persona han desaparecido. Un pañuelo amarrado en la punta de un palo y debidamente agitado puede cumplir tareas de banderola para solicitar paz, tregua o rendición en cualquier campo de batalla (en una situación límite, se entiende). Agitado con energía sobre un lugar polvoriento el pañuelo se transforma automáticamente en plumero. Pero si se agita con suavidad en el aire sobre nuestra cabeza puede servir entonces como prolongación melancólica de nuestra mano para decir adiós a un ser querido que se aleja en un barco o en otro medio de transporte. Y si este mismo movimiento es acompañado por un grupo de animados acordes musicales el pañuelo pasa a formar parte de la indumentaria de una danza folclórica…

La lista puede extenderse ad infinitum. Basten estos ejemplos para revelar al lector –generalmente preocupado por cosas trascendentales-- de qué manera un objeto minúsculo y trivial como el pañuelo puede llegar a contener un variado surtido de funciones y significados a los que estábamos relativamente ajenos. ¿No resulta alarmante comprobar que llevamos en lo secreto de nuestro bolsillo –y pensemos que ese bolsillo puede ser también nuestra alma o algo así-- no sólo una ingenua servilleta, un plumero, una cesta, sino también un inclemente látigo, una mordaza y una horca? ¿Cuántas funciones, además de las enumeradas, no podría entonces contener una obra artística que ha tomado al pañuelo no sólo como soporte, como medio, sino como lenguaje?

Al hacer sus obras Ángel Delgado ha añadido a esta lista de usos y abusos del pañuelo una nueva función, quizás la más compleja de ellas: ha descubierto que el pañuelo es también una metáfora del Universo. O más que una metáfora, un espejo –en este caso un espejo empañado, sin azogue, hecho añicos-- donde tal Universo se refleja. Si resulta que ese reflejo nos parece demasiado opresivo, asfixiante, o que la imagen se halla alterada por la presencia de suciedades y roturas, por manchas de sudor, de lágrimas, de semen, no olvidemos que se trata del reflejo del Universo desgarrado de la prisión, de ese humillante no-lugar donde el artista debió una vez permanecer como escarmiento por intentar descubrir para nosotros, mediante el libre ejercicio del arte, nuevas funciones y significados.

Orlando Hernández
La Habana, Mayo del 2000


Muestra de los cuadros (fotos cedidas por Ángel Delgado a Desliz)

 



Historias paralelas LII

Historias paralelas,LII . 2007
técnica mixta / pañuelo
39.5 x 39 cm


Historias paralelas,LIII

Historias paralelas,LIII . 2007
técnica mixta / pañuelo
39.5 x 39 cm


Historias paralelas, LIV

Historias paralelas, LIV. 2007
técnica mixta / pañuelo
39.5 x 39 cm


Historias paralelas, LIX

Historias paralelas, LIX. 2007
técnica mixta / pañuelo
39.5 x 39 cm


Historias paralelas,LV

Historias paralelas,LV. 2007
técnica mixta / pañuelo
39.5 x 39 cm


Historias paralelas,LVI

Historias paralelas,LVI . 2007
técnica mixta / pañuelo
39.5 x 39 cm


Historias paralelas,LVII

Historias paralelas,LVII . 2007
técnica mixta / pañuelo
39.5 x 39 cm


Historias paralelas,LVIII

Historias paralelas,LVIII . 2007
técnica mixta / pañuelo
39.5 x 39 cm


Historias paralelas,LX

Historias paralelas,LX . 2007
técnica mixta / pañuelo
39.5 x 39 cm


Historias paralelas,LXI

Historias paralelas,LXI . 2007
técnica mixta / pañuelo
39.5 x 39 cm


Inside Outside I

Inside Outside I. 2009
Impresión digital, lápiz de cera y pastel seco / pañuelos.
158 x 155 cm


Inside Outside IIhttp://img408.imageshack.us/img408/2469/insideoutsideiismall.jpg

Inside Outside II. 2009
Impresión digital, lápiz de cera y pastel seco / pañuelos.
158 x 155 cm



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